La investigación de CAMEBOL e Ipsos CIESMORI revela que empresarias, ejecutivas y profesionales bolivianas siguen asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado, incluso después de alcanzar independencia económica y liderazgo laboral.
Mientras muchas mujeres bolivianas lideran empresas, toman decisiones estratégicas y sostienen equipos de trabajo, otra realidad sigue ocurriendo cuando termina la oficina: una segunda jornada comienza puertas adentro. Un estudio de la Cámara de Mujeres Empresarias de Bolivia reveló que empresarias, ejecutivas y profesionales continúan asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado, incluso después de alcanzar independencia económica y altos niveles de formación académica.
La investigación elaborada por CAMEBOL junto a Ipsos CIESMORI muestra que la llamada economía del cuidado sigue recayendo principalmente sobre las mujeres. El informe desmonta la idea de que el éxito profesional garantiza equidad dentro del hogar y pone el foco en una desigualdad menos visible: el tiempo.
El 54% de las encuestadas tiene estudios de maestría y un 5% doctorado. Son líderes empresariales, emprendedoras y ejecutivas que participan activamente en la economía formal. Sin embargo, la mayoría continúa trabajando cuando termina la jornada remunerada. Revisar tareas escolares, cocinar, organizar la casa, atender adultos mayores o coordinar responsabilidades familiares forman parte de una carga cotidiana que no recibe salario ni reconocimiento económico.
El estudio señala que las participantes dedican en promedio 10,5 horas diarias al trabajo productivo y al cuidado. Algunas incluso superan las 55 horas semanales consideradas por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo como un límite riesgoso para la salud cardiovascular.
Además, el 67% tiene personas bajo su cuidado, ya sean hijos, adolescentes, adultos mayores o familiares con enfermedades o discapacidad. A mayor cantidad de dependientes, menor tiempo libre. El 45% reconoce tener “muy poco” tiempo personal y algunas admiten no tener ninguno.
Uno de los datos más contundentes revela que un tercio de las mujeres asume sola las responsabilidades domésticas. Incluso viviendo en pareja, la distribución de tareas sigue siendo desigual. Entre quienes consideran injusta esa carga, el 84% quisiera redistribuirla.
“La economía del cuidado no es un tema doméstico: es un tema económico importante, de bienestar y de participación. Redistribuir el cuidado es redistribuir oportunidades”, afirma la economista Alejandra Candia, autora del estudio.
El informe también advierte sobre la llamada carga mental: recordar citas médicas, organizar horarios escolares, planificar comidas y anticipar problemas familiares mientras se cumplen responsabilidades laborales de alta exigencia. No es solo cansancio físico; es una administración permanente de la vida cotidiana.
La investigación concluye que la economía funciona gracias a millones de horas de trabajo de cuidado absorbidas gratuitamente por las mujeres. Un subsidio invisible que sostiene hogares, empresas y productividad, pero que sigue fuera de muchas estadísticas oficiales.

