El arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas militares estadounidenses, tras bombardeos estratégicos en Caracas el pasado sábado 3 de enero de 2026, ha desencadenado la crisis geopolítica más aguda del siglo.
La acción unilateral de Washington ha fracturado la comunidad internacional, generando una ola de celebraciones en un hemisferio y condenas vehementes por la violación del derecho internacional y la soberanía nacional en el otro. La operación militar, justificada por la administración Trump como un paso esencial para la seguridad regional y la restauración de la democracia, ha expuesto las profundas divisiones preexistentes sobre la legitimidad del gobierno chavista.
La respuesta global fue inmediata y polarizada. Países de América Latina y Europa Oriental, que no reconocían la presidencia de Maduro, celebraron el evento como el fin de una dictadura.
- Argentina, a través de su presidente Javier Milei, calificó la noticia de «excelente para el mundo libre».
- Ecuador, Perú, Paraguay, Israel y Albania se sumaron al júbilo, respaldando la acción de Estados Unidos y la transición democrática que podría seguir.
Simultáneamente, la acción provocó una condena unánime de los opositores geopolíticos de Estados Unidos y de varios socios latinoamericanos clave. La violación de la soberanía nacional venezolana fue el punto central de las críticas, advirtiendo sobre un peligroso precedente para el orden mundial.
- Rusia y China, potencias con intereses estratégicos en Venezuela, condenaron enérgicamente la «agresión militar» y exigieron la liberación inmediata de Maduro.
- En América Latina, la condena fue liderada por Brasil, México y Colombia. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil advirtió que «atacar a los países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso hacia un mundo de violencia».
- Cuba, aliado histórico del chavismo, tildó la acción de «criminal» e «injustificable».

La Delgada Línea del Derecho Internacional
Incluso entre los aliados tradicionales de Occidente, hubo matices. Gobiernos como los de Francia, Canadá, España y varios miembros de la Unión Europea se encontraron en una posición incómoda: aunque críticos con el régimen de Maduro, emitieron comunicados conjuntos condenando la acción militar y exigiendo el respeto al derecho internacional y una solución pacífica y dialogada a la crisis venezolana. La ONU y su Secretario General expresaron «gran preocupación» por la falta de un mandato claro y el incumplimiento de las normativas internacionales sobre el uso de la fuerza.
Un Futuro Incierto para Venezuela
Dentro de Venezuela, el gobierno remanente de Maduro ha denunciado una «masacre» y ha declarado el estado de conmoción exterior, activando protocolos de defensa armada. La situación en Caracas es volátil, con incertidumbre sobre quién asumirá el control del país en el corto plazo. La comunidad internacional observa con atención las próximas horas. La polarización de las posturas —entre quienes priorizan la democracia y los derechos humanos sobre la soberanía territorial, y quienes defienden la soberanía como un pilar inquebrantable del orden mundial— definirá el futuro de Venezuela y reconfigurará las alianzas globales en los meses venideros.

