La Gobernación de Santa Cruz, principal impulsora de la remodelación, ha confirmado que las obras entran en su «recta final», con cuadrillas trabajando incansablemente a doble turno. El objetivo es claro y no da margen a la especulación: el Tahuichi debe estar listo para los amistosos de la Selección Boliviana a fines de enero, duelos cruciales en la preparación para el repechaje del Mundial 2026 en marzo. Pero este renacimiento va más allá de un simple cambio de imagen; es una transformación que busca cumplir con los exigentes estándares Conmebol, un salto de calidad necesario para que el estadio sea considerado un escenario internacional de futbol.

La presión por terminar a tiempo tiene nombre y apellido: México. La FBF ha confirmado que el primer amistoso de reinauguración será contra la selección mexicana, programado tentativamente para el 25 de enero de 2026. Un segundo partido contra un rival africano también está en agenda. Estos duelos no son meras exhibiciones; son la piedra de toque para la preparación del repechaje mundialista que se jugará en marzo en México.

La capacidad de 38.000 espectadores del Tahuichi se llenará hasta la bandera, ávida de ver a la selección y el renovado escenario. La expectación es máxima, y cualquier retraso podría empañar la fiesta deportiva y, lo que es más importante, afectar la preparación de la Verde.
Este esfuerzo de modernización sitúa al Tahuichi en el mapa de otros estadios latinoamericanos que también se preparan para grandes citas, como el Estadio Azteca en México, que se reinaugurará en marzo de 2026 para el Mundial, o El Campín en Colombia, que iniciará obras en el primer trimestre de 2026. La competitividad regional por tener infraestructuras de primer nivel es alta, y Santa Cruz no quiere quedarse atrás.

El primer partido de repechaje de Bolivia será contra Surinam el 26 de marzo de 2026. El Tahuichi, con su inversión de más de 58 millones de bolivianos, es la pieza central de esta aspiración. Su finalización a tiempo es, por tanto, una prioridad absoluta que trasciende la simple infraestructura deportiva, incidiendo directamente en el resultado final del sueño mundialista boliviano.

