La banca boliviana muestra impactos reales en inclusión y desarrollo productivo, pero aún carece de regulación y estándares que consoliden un enfoque ASG sistémico.
El avance en sostenibilidad en el sistema financiero en Bolivia se enmarca entre liderazgos y brechas del enfoque ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) en la banca nacional. Las finanzas sostenibles y la integración de estos criterios no van de la mano con otros mercados del continente, donde las naciones vecinas ya enfatizan sus esfuerzos en finanzas verdes, taxonomías climáticas e incluso herramientas complejas de mercado de capitales.
En Bolivia, el sistema financiero ha construido sus desarrollos partiendo principalmente del eje social, como respuesta a un escenario destacado por la informalidad, vulnerabilidad económica y desigualdad. Hasta la fecha, existe un patrón claro: la sostenibilidad en la banca boliviana se expresa más en ámbitos como la inclusión financiera, accesos a servicios básicos, resiliencia productiva y equidad de género, más que en una integración homogénea del sistema a la gestión ASG con respaldo regulatorio.

Infografía: Elaboración Propia.
BOLIVIA NO CUENTA CON UNA BANCA ASG, SINO ACTORES ASG AISLADOS.
En entrevista, Claudia Daza Pereira, jefa del equipo adjunto de la Cooperación Alemana (GIZ) en Bolivia, sostuvo que las finanzas sostenibles en Bolivia atraviesan una fase clave de transición. Tras un período exploratorio marcado por la pandemia y el ingreso gradual de conceptos como bonos verdes, finanzas verdes y taxonomía, el país se encuentra —según Daza Pereira— en una primera etapa de desarrollo, aún lejos de una consolidación estructural del enfoque ASG.
Los avances en sostenibilidad, por tanto, se han dado principalmente a partir de liderazgos individuales, impulsados por la cooperación internacional junto a empresas y actores estratégicos productivos privados, y no como resultado de una integración obligatoria de una entidad reguladora con normativa nacional. En 2025, el Programa de Desarrollo Rural Agroecológico y Resiliente al Clima – ProResiliente, de la Cooperación Alemana, implementado por la GIZ en Bolivia, lideró la creación de la red de desarrollo sostenible con la participación instituciones como ASOFIN, ASOBAN y FINRURAL. Esta iniciativa permitió la creación de espacios técnicos, capacidades y fortalecimientos del sector financiero.
De forma complementaria, el Pacto Global Red Bolivia, durante el “V Foro Internacional de Finanzas Sostenibles — Un espacio para acelerar la transformación del país” realizado en 2025, exploró mecanismos financieros innovadores, nuevas oportunidades de inversión responsable y estrategias que permitan fortalecer la resiliencia climática de Bolivia, especialmente en sectores estratégicos. Al cierre del foro, Lucia Sossa, directora ejecutiva de Pacto Global Red Bolivia, destacó la necesidad de comenzar a trabajar en propuestas concretas que hagan realidad las finanzas sostenibles en el país.
La Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) a través de distintas declaraciones reconoce que existen avances muy puntuales en esta materia. Sin embargo, actualmente la entidad no exige una integración obligatoria a los criterios. Lo que mantiene latente el riesgo de asimetrías y prácticas de greenwashing.
El sistema financiero boliviano se encuentra hoy en un nivel básico e intermedio de madurez ASG. Para la representante de GIZ, el principal desafío es: «Generar conciencia y capacidades para que estos criterios se incorporen de forma transversal en la toma de decisiones, permitiendo así movilizar capitales y recursos hacia actividades sostenibles», manifestó Daza, De lo contrario, advierte Daza, las finanzas sostenibles corren el riesgo de quedarse en iniciativas aisladas o declarativas.
BOLIVIA CONSTRUYE SOSTENIBILIDAD “DESDE LA BASE SOCIAL”, NO DESDE EL MERCADO DE CAPITALES.
Al realizar un mapeo de sostenibilidad en el sistema financiero, se encontraron casos de alto destaque dentro de la aplicación de los criterios ASG dentro del contexto boliviano, lo que obliga a matizar el diagnostico general. Bajo este enfoque, los avances fueron evaluados considerando, la alineación de la banca con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la evidencia pública y verificable, así como la escala e impacto territorial o poblacional y la integración del proyecto a la estrategia institucional.

Infografía: Elaboración Propia.
Los resultados muestran con claridad que el sistema financiero realiza acciones concretas, medibles y sostenidas en el tiempo. Si bien estas iniciativas generan impactos reales en el ámbito social, ambiental y en la gobernanza institucional, el Banco de Desarrollo Productivo (BDP – SAM), destaca como la entidad con mayores avances. En contraste ninguna entidad financiera tradicional o convencional aplica los criterios ASG, en su totalidad aún.

Infografía: Elaboración Propia.
Es importante recalcar que solo se consideran estándares internacionales cuando existe adhesión pública, uso metodológico o certificación reconocida, y no únicamente alineación discursiva con los ODS. Mas allá de las adhesiones internacionales, cuando la sostenibilidad deja de ser un discurso los liderazgos son visibles. En este sentido, resulta evidente que el eje social, ha sido el primer paso de la banca boliviana por encima de las finanzas verdes complejas, para lograr impactos medibles como el acceso a agua potable, genero, discapacidad, juventud y microemprendimiento.
¿DÓNDE ESTÁN LAS BRECHAS?
La experiencia boliviana demuestra que las finanzas sostenibles no responden a un modelo único. Aun con avances significativos persisten desafíos estructurales, entre ellos:
- La ausencia de una taxonomía verde nacional que ordene y clasifique el financiamiento sostenible.
- La falta de lineamientos ASG obligatorios desde el regulador, lo que genera avances desiguales.
- El predominio de iniciativas sociales sin integración completa de los tres pilares ASG.
- La escasa estandarización de métricas e indicadores comparables.
En un contexto de alta vulnerabilidad social, el sistema financiero ha priorizado la inclusión, el género y el desarrollo productivo como puertas de entrada al enfoque ASG. No obstante, el marco regulatorio actual es insuficiente para impulsar las finanzas sostenibles. En este escenario, el rol de la ASFI es determinante, ya que debe liderar la emisión de normativas y regulaciones.
BOLIVIA NO CARECE DE SOSTENIBILIDAD FINANCIERA, PERO SÍ DE ESTANDARIZACIÓN INTERNACIONAL.
Los impactos existen y son relevantes; el desafío pendiente es traducir estas experiencias en marcos ASG comparables, medibles y exigibles a nivel sistémico. Asimismo, el desarrollo de una taxonomía de finanzas sostenibles debe asumirse como una responsabilidad del Estado, en coordinación con el sector privado y la cooperación internacional. Esta herramienta permitirá verificar que los recursos se destinan efectivamente a actividades que impulsen la sostenibilidad.
La experta advierte que uno de los principales errores sería permitir la coexistencia de criterios y lenguajes fragmentados, sin una normativa que unifique las acciones. Sin liderazgo del ente regulador, los avances corren el riesgo de diluirse en esfuerzos aislados que dificulten el progreso hacia un enfoque país. En América Latina, entre el 50% y 60% de los países han desarrollado marcos regulatorios relacionados con finanzas sostenibles. El país se encuentra rezagado frente a naciones como Colombia, México y Brasil, que ya cuentan con avances normativos.
Según Daza Pereira, la solución no es inmediata: «Mientras no haya una normativa que hable de Sistema de Administración de Riesgos Ambientales y Sociales (SARAS), no existirá una estandarización», sostuvo. (Escucha la declaración completa 👇)
Es así que se deben dar pasos importantes y conocer las buenas prácticas que podrían replicarse, subrayó: (Escucha la declaración completa 👇)
Finalmente, la sostenibilidad financiera en Bolivia requiere liderazgo regulatorio, para transformar prácticas dispersas en una política pública clara, con reglas comunes y visión de largo plazo. Solo así será posible cerrar las brechas frente a la región, evitar la fragmentación del discurso ASG y convertir los avances existentes en una estrategia nacional, la cual que permita movilizar capitales, fortalecer la resiliencia climática y consolidar un modelo de desarrollo financiero sostenible.

