Un financiamiento internacional de más de 21 millones de euros, equivalentes a 24,6 millones de dólares, llegará a 17.500 familias de productores agrícolas de 24 municipios rurales de Beni, La Paz, Pando y Santa Cruz. El objetivo no es solamente producir más, sino lograr que los pequeños productores sean más resistentes al cambio climático y tengan mejores oportunidades para comercializar sus productos.
El crédito proviene del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y permitirá ejecutar el Programa para el Desarrollo de una Agricultura Sostenible y Resiliente (Agrosustentar), luego de que la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobara el financiamiento y el presidente constitucional Rodrigo Paz Pereira promulgara la ley que habilita su ejecución.
La selección de los municipios responde a su vulnerabilidad frente al cambio y la crisis climática. En ese contexto, el programa busca concentrar recursos en pequeños productores de zonas con condiciones de pobreza y exposición a fenómenos climáticos, con una estrategia que combina producción, capacitación, infraestructura, comercialización y gestión ambiental.
El desafío va más allá de cosechar más
Agrosustentar plantea una intervención integral. La meta es que los productores puedan mejorar sus cosechas, diversificar su producción, adaptarse a las condiciones climáticas y, al mismo tiempo, encontrar mejores canales para vender.
El programa está estructurado en cuatro componentes.
El primero está orientado al fomento de la producción agrícola sostenible con enfoque territorial y de adaptación al cambio climático. Entre sus resultados esperados figuran 80 planes comunales de desarrollo productivo en los 24 municipios beneficiarios, 162 planes de inversión, 18.000 hectáreas con producción diversificada, cerca de 2.000 toneladas de semillas certificadas de maíz, arroz, maní y frejol, además de la creación o fortalecimiento de 22 asociaciones de productores de semillas.
El segundo componente apunta al desarrollo de mercados para productos agrícolas sostenibles. Para ello se prevé fortalecer 230 emprendimientos relacionados con infraestructura productiva, postcosecha y comercialización, además de impulsar 12 ferias productivas, siete redes de comercialización y tres espacios en mercado.
El tercer eje se concentra en el fortalecimiento de capacidades y condiciones habilitantes hacia sistemas agroalimentarios sostenibles. En este ámbito se contemplan cinco certificaciones para organizaciones de productores, la capacitación de 58 técnicos rurales y de 171 productores.
El cuarto componente estará dedicado a la gestión, administración, seguimiento y evaluación del programa. Incluye la administración de recursos humanos, físicos y financieros, el desarrollo de estrategias operativas para acelerar la transición hacia una producción agrícola sostenible y la elaboración de estudios y herramientas vinculados al Plan de Gestión Ambiental, Social y Climático.
También contempla sistemas de planificación, seguimiento y evaluación, además de mecanismos de difusión y comunicación.
La apuesta está en conectar producción y mercado
El alcance del programa busca superar una de las principales limitaciones de los pequeños productores: producir no siempre significa vender mejor.
Por eso, el financiamiento incorpora infraestructura productiva, procesos de postcosecha, redes de comercialización y espacios de mercado. La intención es que una parte de los productos generados en estas zonas pueda encontrar nuevos compradores y ampliar sus posibilidades comerciales.
El presidente Rodrigo Paz explicó que el proyecto no se limitará al incremento de la producción agrícola, sino que pretende mejorar las condiciones de comercialización y abrir oportunidades para que los productos bolivianos puedan llegar a nuevos mercados, incluso internacionales.
“Tiene un impacto directo en cultivos como el maíz, el arroz, el maní, el frejol, el cacao, el banano, el plátano, la piña, entre otros”, reiteró el primer mandatario.
Así, el crédito del FIDA plantea una intervención que combina seguridad productiva, adaptación climática y acceso a mercados. Para las 17.500 familias beneficiarias, el desafío será convertir esos recursos en mayor productividad, resiliencia y mejores ingresos; para el programa, el resultado dependerá de que la inversión llegue efectivamente a los productores y se traduzca en cadenas agrícolas más sostenibles y competitivas.

