Cada vez más personas descubren, casi por accidente, que llevan meses o años dañando su boca mientras duermen
Hay un daño que casi nadie ve venir porque ocurre en el momento en que menos control tenemos sobre nuestro cuerpo, el sueño. Se llama bruxismo y consiste en apretar o rechinar los dientes de forma involuntaria, ya sea de noche o incluso despiertos durante el día. Lo que antes se explicaba solo por una mala mordida, hoy se entiende como algo mucho más complejo, una mezcla de factores neurológicos, emocionales, musculares y de conducta que dispara la actividad de los músculos que usamos para masticar.
Por qué esto importa más de lo que parece
La odontóloga Justa Gorayeb explica que detrás de un caso de bruxismo suelen convivir varios factores a la vez, el estrés, la ansiedad, la tensión emocional acumulada, los trastornos del sueño, el efecto de ciertos medicamentos y el consumo elevado de cafeína, alcohol o tabaco. También pesan la genética y algunas condiciones neurológicas. Y aunque la mordida desalineada ya no se considera la causa principal, sigue siendo un factor que puede desencadenar el problema.
Lo más inquietante es que la mayoría de quienes lo padecen no lo saben. El bruxismo nocturno suele delatarse por boca ajena, es la pareja o un familiar quien escucha el rechinar mientras la persona duerme. Por eso conviene prestar atención a otras señales, despertar con la mandíbula cansada, dolor facial, dolores de cabeza apenas se abren los ojos, rigidez muscular, dientes sensibles sin motivo aparente y bordes dentales que se astillan o desgastan poco a poco.
Lo que el cuerpo intenta avisar
Los síntomas más frecuentes van más allá del desgaste dental. Aparecen fatiga y dolor en los músculos de la mandíbula, cefaleas al despertar, chasquidos o molestias en la articulación temporomandibular, dolor que se corre hacia el cuello y los hombros, sueño interrumpido y una sensación de tensión facial que no se va. La intensidad cambia mucho de una persona a otra, lo que hace que muchos casos pasen desapercibidos durante años.
Cuando nadie lo diagnostica ni lo trata a tiempo, las consecuencias se acumulan. «Cuando el bruxismo no es diagnosticado ni tratado oportunamente, puede provocar un deterioro progresivo de las estructuras dentales y articulares», advierte Gorayeb. Y agrega que la fuerza al apretar los dientes en algunos pacientes llega a ser tan intensa que termina en fracturas o en la pérdida real de piezas dentales.
El costo silencioso para la dentadura
El desgaste del esmalte, las fracturas, las fisuras y el aumento de la sensibilidad son apenas la puerta de entrada. En personas que ya tienen resinas, coronas, carillas o implantes, el bruxismo puede acortar drásticamente la vida útil de esos tratamientos, provocando fallas o fracturas antes de tiempo si la condición sigue sin control.
Quién tiene más riesgo
El estrés crónico, la ansiedad y la presión emocional sostenida elevan las probabilidades de desarrollar bruxismo. También influyen los trastornos del sueño, los antecedentes familiares, ciertas enfermedades neurológicas y el consumo habitual de estimulantes. Aun así, puede aparecer en cualquier persona, sin importar la edad.
En los niños es relativamente común durante ciertas etapas del crecimiento y muchas veces desaparece solo, aunque si es intenso o persiste conviene consultar. En los adultos, en cambio, suele estar más atado a lo emocional, al estrés crónico y a los problemas para dormir bien.
La conclusión que cambia el enfoque
Para Gorayeb, el error más común es tratar el bruxismo como un simple problema de dientes. «El bruxismo no debe considerarse únicamente un problema dental. Se trata de una condición que puede afectar la salud oral, muscular y articular del paciente, por lo que un diagnóstico precoz y un tratamiento multidisciplinario son fundamentales para preservar la función, la estética y la calidad de vida», concluye la especialista.

