¿Y si el futuro de América Latina y el Caribe no estuviera en las grandes ciudades, sino en sus territorios rurales? Esa es la pregunta que pone sobre la mesa el nuevo informe de CAF, que revela un dato contundente: el desarrollo de la región dependerá en gran medida de lo que ocurra fuera de los centros urbanos.
Presentado el 21 de abril de 2026 en Ciudad de México, el Reporte de Economía y Desarrollo (RED) titulado “Raíces del futuro: el nuevo mundo rural de América Latina y el Caribe”, elaborado por CAF junto a la Secretaría de Economía de México y el Colegio de México, analiza cómo el mundo rural está cambiando y por qué se ha vuelto estratégico en un contexto global marcado por la demanda de alimentos, la transición energética y nuevas cadenas de valor.
Hoy, estos territorios concentran cifras que explican su relevancia: alrededor de 120 millones de personas, más de 18 millones de unidades agropecuarias, el 22% de los bosques del planeta, el 50% de la biodiversidad mundial y cerca del 60% de los recursos globales de litio. En otras palabras, son pieza clave para la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y el futuro energético.
El presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, lo resume con claridad: América Latina y el Caribe tiene potencial para convertirse en una región solución frente a los grandes desafíos globales, pero eso exige invertir en infraestructura, conectividad, tecnología y servicios que mejoren la calidad de vida en el mundo rural.
Y algo importante ya está ocurriendo. El campo dejó de ser exclusivamente agrícola. Menos de la mitad de los trabajadores rurales se dedica hoy a actividades agropecuarias. Cada vez más personas generan ingresos en sectores como turismo, comercio, logística, manufactura, minería o energía. Esta diversificación abre nuevas oportunidades para empleos de mayor calidad y economías más dinámicas.
Pero no todo es avance. El informe también advierte brechas profundas que siguen frenando ese potencial. La pobreza extrema, la informalidad laboral y la baja productividad siguen siendo parte del panorama. Para dimensionarlo: la productividad agropecuaria por trabajador es hasta 12 veces menor que en Estados Unidos y Canadá.
A esto se suman carencias básicas que afectan a millones de personas: un 33% de la población rural no tiene acceso a servicios financieros, solo el 55% cuenta con agua segura, apenas el 11% dispone de saneamiento adecuado y solo el 40% vive cerca de una vía pavimentada.
Frente a este escenario, CAF plantea una hoja de ruta clara. La propuesta combina impulso productivo —con tecnología, digitalización y valor agregado—, fortalecimiento social —con más protección y capacitación laboral— y mejoras urgentes en infraestructura y servicios.
El mensaje es directo: el mundo rural no es el pasado, es una de las principales apuestas para el futuro sostenible e inclusivo de la región.

